Hola, mi nombre es Diana Garcés. Tengo 39 años de edad. Actualmente
vivo con mis papás y mi hija. Mi hija depende de mí, obviamente al cien por ciento,
y mi mamá, por una parte. Yo vivo en San Juan Ixtayopan, que pertenece a la alcaldía
de Tláhuac, y toda mi vida he vivido aquí. Lo que significa para mí vivir aquí es que
es realmente un lugar muy tranquilo a comparación de otros pueblos aledaños donde hay
mucha gente, comercio, transporte, mercados, ambulantes. San Juan me parece que es un
lugar mucho más tranquilo. La gente que conformamos el pueblo es gente que sí es de aquí,
no que viene a radicar a este lugar, sino que es gente originaria, gente ya veterana.
La mayoría de la gente se conoce entre ellos justamente porque, pues, es gente originaria,
nacida aquí.
En cuanto a mi trabajo, actualmente trabajo en una fundación llamada The Anglo Foundation,
la cual está ubicada cerca de Reforma, para más exactitud, cerca del metro San Cosme. Lllevo
ahí tres años. Creo que sí ya es un tiempo considerable, aunque la mayoría de mis trabajos han
sido en el centro.
Desafortunadamente, donde yo vivo es un lugar muy lejos de donde están la mayoría
de las oficinas. Y realmente me he acostumbrado, nunca me he quejado por las distancias, o al menos
eso asumo cuando tengo una posición nueva o un trabajo nuevo. Me he adaptado a todos esos trayectos
en algún momento porque le tengo amor a mi trabajo. Actualmente yo estoy en el área de recursos humanos,
o de talento humano como se conoce actualmente.Mi posición es referente a los beneficios y compensaciones
que tienen los colaboradores en la fundación, como seguro de gastos médicos, planes de becas, vacaciones,
incapacidades, administración de personal, entre otras.
Desafortunadamente, mi trayecto inicia realmente desde que salgo de casa a las 6 de la mañana hasta las
8 de la mañana que concluye, que es cuando yo tengo que estar en la oficina porque tengo un horario de
8 a 5 de la tarde. Entonces sí debo de salir con suficiente tiempo de anticipación. Obviamente influye
en diversos factores como el que esté lloviendo, que sea un día festivo. Si es un día festivo, pues sabemos
que mucha gente o niños no van a la escuela. Entonces eso puede deducirse como que no va a haber tanta gente
en el metro, que el metro va a ir ligeramente vacío, aunque a veces, pues, nos llevamos las sorpresas y es
cuando va más congestionado. Todo pasa en este tipo de días o de eventos.
Como lo mencioné, este trayecto lo llevo realizando desde que entré a la fundación, que son tres años.
Usualmente tomo primero un camión que me lleva al metro y, de ahí, todo mi transbordo hasta San Cosme.
En realidad es en metro. No tengo que tomar otro tipo de transporte ya una vez que yo llego a San Cosme,
y camino más o menos unos 10 minutos porque tampoco está tan cerca la oficina del metro. En mi recorrido,
por lo regular, siempre es el mismo, aunque como nosotros tenemos diferentes sucursales, hay ocasiones
en donde me mandan a otra sucursal que está en Insurgentes. La ventaja de ir a Insurgentes es que me queda
totalmente directo, solamente tomo la línea dorada y yo tendría que bajarme en la estación de Félix Cuevas,
que es un antes de donde está la terminal, y de ahí caminar unos 15 minutos más o menos a la sucursal de
Florida, que es como así la llamamos. Este trayecto es, de alguna forma, más directo, más rápido.
Sí, mi recorrido por lo regular siempre es lo mismo. No tengo otra forma de llegar a mi trabajo más que el
metro, aunque a lo mejor sí podría escoger otras rutas, pero son rutas en donde se podría considerar
un poco más de peligro, o gastar un poco más, o donde el trayecto se hace más largo. Hay muchas cosas
que yo valoro de usar el metro porque es una vía que es mucho más rápida y mucho más económica. En promedio,
mi tiempo de traslado de trabajo a casa y de casa a trabajo, pues, son cerca de 5 a 6 horas. Se empata demasiado
con el tiempo que yo paso en la oficina, descontando el tiempo de comida que son 8 horas las que trabajo
por 6 de trayecto, y sí, mi día se va totalmente en mi trabajo y en mis trayectos.
Lo que implica salir de mi casa: yo me levanto desde las 4 y media de la mañana porque tengo que preparar mi
ropa, tengo que preparar las cosas que me voy a llevar al trabajo, como mi equipo de compu, si tengo que llevar
algún tipo de lunch, levantar a mi hija antes de yo salir de casa, bañarme, arreglarme. Obviamente, si tengo algún
evento, pues le dedico o le invierto un poquito más de tiempo porque hay que ir presentable. Cuando no, bueno,
afortunadamente el lugar donde trabajo es una empresa flexible en cuestión de vestimenta, tampoco hay que ir
tan informal, pero hay ocasiones en que sí le invierto un poquito más de tiempo para esto. Todos los días cargo
mi mochila, hay veces que no es necesario llevar la computadora, o sea, llevarla y traerla; en ocasiones las dejo
en la oficina y solamente llevo mi lunch, pero al final siempre me llevo la mochila, la chamarra y cosas personales
que van dentro de esta misma.
Mi trayecto diario es pesado y cansado en la mañana. Obviamente uno se levanta a veces con la energía suficiente para poder llegar tranquilo al trabajo. Siempre el trayecto me ayuda a pensar en muchas otras cosas que tengo, porque no solamente mi vida se basa en el trabajo, sino también en mi vida personal, en cosas que tengo que atender en casa, en algunos temas económicos, en algunos temas con mi hija. Y este tipo de tiempo me da para pensar, analizar y saber cómo resolver ciertas situaciones sobre mi vida.
Hay veces en que se complica más porque la gente es muy agresiva cuando el metro va muy lleno. La gente te
empuja, la gente se pelea en los vagones por un lugar, los hombres no respetan los lugares para las mujeres,
los hombres no dan prioridad para que una mujer se siente. Y digo, al final sé que en algún momento todos pedimos
igualdad, pero yo creo que hay ocasiones en que sí podría hacerse la excepción. Quizás un hombre tiene
más fortaleza física y entonces podría ceder un lugar a una mujer. Pero bueno, no es algo que me afecte realmente,
pero sí me da un poco de pena ver que en un vagón la mayoría de los hombres van sentados y la mayoría de las mujeres,
pues, nos toca ir de pie. Sí, me va bien, llego bien. Hay veces que me ha tocado el empujón, el jalón de mochila,
rescatar mi mochila de tanta gente porque no te dejan salir, no te dejan subir a los vagones y, pues, hay que cuidar
las pertenencias.
Eso, yo creo, es lo que más me inquieta de viajar en el metro: que en algún momento, pues, me roben el
teléfono, me quieran quitar la mochila, sobre todo cuando traigo la compu. Afortunadamente nunca
he tenido una situación así, pero sí he llegado media golpeada, enojada, obviamente, por el tiempo que hago,
y sobre todo de regreso. De regreso los trayectos son muchísimo más pesados. La mayoría de la gente
sale entre 5 y 6 de la tarde, es cuando tanto en metro como en metrobús hacen más tiempo de lo común.
Tengo que esperar hasta dos o tres metros para poder subirme y regresar a casa. Hay veces en que no hay transporte.
Tengo que esperar un camión y, bueno, esos tiempos se van alargando. Entre el transborde de un transporte a otro,
pues, ocasiona espera. Obviamente ya vienes cansado, depende cómo te haya ido en el día. No solamente es lidiar
con el tema personal, repito, también hay que lidiar con cosas en el trabajo, con personas.
No siempre tenemos el ánimo, no siempre vamos con la pila al 100, no estamos en el mood de tolerar siempre bromas o las exigencias que nos hacen en el trabajo. Saber que tenemos que cumplir con ciertos tiempos, con actividades, con horarios, con entregables, pues, claro que eso te genera estrés, te genera ansiedad, te genera preocupación. Y súmale que todavía te tienes que chutar un trayecto de dos a tres horas de regreso para poder estar en casa y, la verdad, es que ya ni siquiera tienes tiempo para tu vida.
Lo único que llego a hacer es cambiarme; si tengo hambre, ceno, algo que por lo regular, cuando llego
demasiado tarde, ya ni siquiera hambre tengo. Solamente es tomar un vaso de agua, a veces tomar un baño
y dormir. Y entonces esa es la rutina de toda la semana y es muy desgastante porque no hay un balance
entre el trabajo y la vida personal, que es algo que pregonamos en la mayoría de las empresas, pero cuando
los trayectos son demasiado largos, pues, la verdad es que no tienes de otra. La única opción es vivir tu rutina,
porque obviamente tienes ciertas responsabilidades, porque tienes que cumplir en casa y porque, pues, tienes
un sustento. Yo creo que esa es la parte complicada de tener un trabajo, pues, con una distancia notable de casa.
En cuestión de mi salud, de mi energía, lo repito: no trato de cuidar mi salud, pero hay ocasiones en que sí llega a afectar. Hay veces en que me siento tan cansada que no quiero levantarme a trabajar y quisiera quedarme a dormir, a descansar. Porque no es lo mismo descansar que dormir. Dormimos porque nuestro cuerpo lo pide, pero realmente no tenemos el descanso que necesitamos para levantarnos con la energía suficiente y empezar un nuevo día. No tenemos de otra. Yo creo que también,en cierta manera, influye la edad. Ya tengo 39 años, ya no tengo la misma energía que tenía cuando tenía 30 años. Tengo una hija de 12 años, como lo dije al principio. Mis responsabilidades, obviamente, son a veces muy fuertes encuestión de trabajo y es desgastante, es cansado, es agobiante. Te llevan a un estrés crónico, pues, fuerte, donde ya no duermes, donde incluso estás soñando con trabajo, donde te despiertas y lo primero que piensas es en los pendientes que tienes. Y todo eso te lleva, en cuestión laboral, pues, al síndrome del burnout, que se resume en un estrés crónico, pues, no trabajado. Y yo creo que vivir con eso es sobrevivir y no vivir. Yo creo que la mayoría de las personas tratamos de sobrellevar este equilibrio y, sin embargo difícilmente se logra.
Lo que más valoro de este tiempo de viaje o de trayecto, pues, justamente es el tiempo que yo tengo sola.
Hay veces en que me siento con esa necesidad de no estar con nadie, de no platicar con nadie. Yo creo
que suficiente tengo con el trabajo, con lidiar con mis compañeros todos los días, a los cuales veo todos
los días, con los cuales paso hasta más de ocho horas todos los días. Y sí, algo que valoro mucho es estar
a solas conmigo para pensar, para escuchar la música que a mí me gusta, para no tener que platicar, para
no tener que llevar a cabo una conversación que no deseo tener en ese momento porque ya suficiente tuve
en el día como para todavía platicar y cómo me siento o platicarle a un compañero mi vida personal. Soy
una persona muy selectiva en cuestión de quién le comparto mis cosas y con quién deseo pasar mi tiempo,
con quién deseo compartir mi energía y mi espacio.
Estos tiempos sí los aprovecho mucho, sobre todo en escuchar la música que a mí me gusta, ir tranquila
y no pensar en otra cosa. Cuando llego al trabajo me enfoco al trabajo; cuando salgo de trabajo trato
de dejar todas esas obligaciones y responsabilidades ahí y dedicarle un poquito a mi vida personal.
Yo creo que si pudiera cambiar algo de mi trayecto sería el que, al menos, tuviera un poco más de espacio
para poder ir sentada, para poder ir cómoda.
Evitar esta parte —no lo voy a llamar agresión física, pero sí, te digo, de repente la gente es muy intensa y se empiezan a pelear— y cuando vas tranquila, cuando vas sentada, cuando llevas un espacio para ti misma, es algo que sí se valora, que sí se aprecia. Por supuesto que tengo una compañera que vive a dos cuadras del trabajo y siempre lo he mencionado: que es una bendición vivir cerca del trabajo. Desafortunadamente yo nunca he tenido esa posibilidad. Todos mis trabajos me han quedado lejos. Y cuando me encanta mi trabajo, cuando me encanta lo que hago, cuando me enamoro de mi trabajo, no me genera ningún tipo de problema, ni siquiera el trayecto. Yo creo que el trayecto es lo de menos cuando realmente hay una satisfacción, un reconocimiento y esa entrega a lo que realmente te gusta.
Yo creo que eso es algo que valoro mucho de los trabajos, al menos de los que he tenido. Pero, por supuesto,
es un esfuerzo doble, adicional, y tal vez en ocasiones no valorado, el que tú vivas a una distancia tan grande
o tan larga a comparación de otras personas que están a dos cuadras del trabajo. A mí me genera mucho conflicto.
Personas que viven cerca siempre son las más impuntuales y siempre ponen el pretexto de “es que el metro”,
“es que me confié”, “es que me dormí”. Es que no importa que llegue tarde con tal de que yo saque a flote mi trabajo.
Ok, está bien, es respetable, pero yo creo que soy de la idea, o al menos eso me inculcaron desde niña, que el tiempo,
la puntualidad y el ser responsable con tus cosas habla más de ti. Y yo, por lo regular, soy una persona a la que le gusta
la puntualidad. No me gusta llegar tarde, me siento mal conmigo misma inclusive, me siento culpable. Digo: “llegué tarde,
pues debí de haberme levantado más temprano y anticiparme porque sabía que estaba lloviendo, porque sabía que a lo mejor
el metro iba a estar lento por X o Y”. Pero sí, al menos yo considero que sí es un doble esfuerzo, es un doble trabajo,
por supuesto, el vivir mucho más lejos que otros compañeros.
Yo creo que el tiempo que me consume el trayecto yo lo valoraría para hacer alguna actividad física, para
salir con mi hija a dar una vuelta, para ver una película y para hacer otro tipo de cosas, para ir a tomarme un café,
ir a tomarme una cerveza. Y digo “bueno, lo estoy haciendo porque realmente tengo el tiempo”, pero desafortunadamente
entre semana es muy complicado tener ese tipo de espacios. Digo que no lo he hecho saliendo del trabajo, pero ¿qué pasa
cuando yo salgo del trabajo y me doy ese tiempo con mis amigos? Llego a mi casa a las 10 u 11 de la noche, solamente
a dormir 3 o 4 horas y nuevamente es la rutina de todos los días. Y no tengo ese balance que yo quisiera, pues ahora
sí que entre mi vida personal y el trabajo.
Aun así, valoro el trabajo que hago todos los días, el esfuerzo que hago todos los días. Ya no es lo mismo tener 40 años porque el desgaste es más, tanto físico como emocional, mentalmente también, por supuesto, porque creo que entre más grande y cuando tienes hijos de por medio y un trabajo, las responsabilidades se incrementan y ese sentido de responsabilidad ya lo tomas con mayor seriedad. Ya no es algo que tomes a la ligera y que digas: “ay, bueno, no pasa nada, si falto, si llego tarde, si me descuentan el día”. No. Yo no me puedo dar el lujo de vivir ese tipo de situaciones. Por eso es que sí, la responsabilidad es algo muy importante para mí y sí valoraría muchísimo tener más tiempo para mí, inclusive para compartirlo con mi hija. Yo creo que eso sería mi experiencia en sí de todos los días.